lunes, 27 de marzo de 2017

VIVIR A MANO ALZADA

Cuando los días no son más
que una sucesión de alarmas
de despertador,
el sueño una trampa
a la vuelta de la esquina
y el hambre una llamada
a la cordura
sabes que un reloj parado
puede dar la hora exacta
dos veces al día.
Consuelo de tontos,
pero no deja de ser cierto
que siempre estás a tiempo
de bajar la persiana
y esconderte durante un año
si nadie llama al timbre
ni cambia de lugar el mando.

Es este un tiempo denso
que se sueña con los párpados abiertos
mientras sigue cayendo arena
de un reloj que nadie invierte.
Es el tiempo del lobo
de vivir a mano alzada
 y tirar la basura
desde dentro del cubo
en una espera que se desmiembra
a la par que se construye.
Todo para que
cuando muera la espuma al fondo del vaso
y sobrevenga la lucidez
tratemos de arreglar
aquello que siempre estuvo roto
y cuya esencia, por tanto,
desconocemos,
antes de que arrecie
el siguiente vendaval
y las velas, esta vez,
no resistan.

Es entonces cuando proyecto
mi vida en el espejo
para recordar de nuevo
que, al final,
Rosebud no era más
que un jodido trineo.



viernes, 24 de marzo de 2017

DONDE MUERE LA MIRADA

La sombra de una escalera de incendios
se proyecta entre cubos de basura,
pinceladas intangibles
como el alcohol de los bares cerrados.
Suelas desgastadas driblan charcos,
notas que esquiva el saxofonista
y acentúa el contrabajo,
latidos de jazz bajo el relente.
Caducas tipografías de plomo
con tinta arrastrada
por el reverso de las manos
que rozan, insolentes,
papiros satinados
marcan el rumbo
y caminas inerte hacia
donde muere la mirada
y avanzas contra el tiempo
con las manos llenas de ayer
y los bolsillos vacíos de mañana.
Luego,
el silencio que espera anhelante
sobre el surco más ancho del vinilo.
Alcanzas la soledad,
eres un cuadro de Hopper.

martes, 21 de marzo de 2017

ESCUCHA

Escucha
antes de que sea
demasiado tarde.
Escucha y crece con ellas
vienen de dentro
de los bolsillos del alma
de las costuras del sueño.
Escucha las voces
que creen en ti
y hazlo
porque creen en ti
y huye
como alma que lleva el Diablo
del contrato
del imperativo
sospecha del consenso
recela del acuerdo
no consientas
que una amalgama
de piel cicatrizada
se precipite desde un tiempo
aún no escrito
levantando un muro de contención
al viento de tu mirada.
Permite al oleaje de tu voz
romper contra la roca
y al ver partir los sueños
precipitarse arruga abajo
no olvides lo aprendido
y que la primera lección
sea lo último que elijas.